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Actualidad

23 sep 2026

Cuando una caída atraviesa un tragaluz, la prevención no puede depender de la suerte

Cuando una caída atraviesa un tragaluz, la prevención no puede depender de la suerte

Una superficie que parece firme puede ceder en un segundo. Cuando el trabajo se realiza sobre cubiertas, techos o estructuras con tragaluces, el riesgo no es visible hasta que ya produjo la caída.

El caso ocurrido en Rawson, San Juan, vuelve a poner el foco en una condición que suele subestimarse: una persona puede estar trabajando a varios metros de altura y, al mismo tiempo, desplazarse sobre una superficie frágil que no fue diseñada para soportar su peso.

El problema no es solamente “trabajar en altura”

La caída desde altura suele analizarse como si el único peligro fuera el desnivel. En intervenciones sobre techos, antenas, naves industriales o instalaciones existentes hay un segundo riesgo: que la superficie de apoyo se rompa, se desplace o no soporte la carga.

Los tragaluces, chapas deterioradas, cubiertas translúcidas y placas de materiales frágiles pueden confundirse visualmente con una superficie transitable. Esa apariencia no es una condición de seguridad.

Antes de autorizar una tarea, la organización debería responder preguntas concretas:

  • ¿Se identificaron todos los sectores frágiles o no transitables?

  • ¿Existe un acceso seguro hasta el punto de trabajo?

  • ¿La circulación se realizará sobre pasarelas, plataformas o superficies resistentes?

  • ¿Se instalaron protecciones colectivas contra caídas?

  • ¿El sistema de protección individual es compatible con la tarea y cuenta con un punto de anclaje adecuado?

  • ¿Se suspenden las tareas ante lluvia, viento u otras condiciones que modifiquen el riesgo?

Si estas respuestas no están documentadas, la tarea no puede considerarse adecuadamente controlada: está basada en una suposición.

La planificación tiene que ocurrir antes de subir

La prevención no empieza cuando el trabajador se coloca el arnés. Empieza con el reconocimiento del lugar, la selección del método de trabajo y la definición de una secuencia que evite caminar sobre superficies frágiles.

Una evaluación adecuada debe contemplar el estado real de la cubierta, la resistencia de los apoyos, la presencia de aberturas, la circulación de otras personas, la interferencia con instalaciones y el rescate ante una eventual caída.

El arnés no convierte un tragaluz en una superficie segura. Tampoco reemplaza una baranda, una plataforma o una pasarela. La protección individual puede formar parte del sistema, pero no debe utilizarse para compensar una planificación deficiente ni la ausencia de protecciones colectivas.

En trabajos de desmontaje o mantenimiento, además, deben considerarse los cambios que se producen durante la propia tarea: retirar una pieza puede debilitar un apoyo, modificar el equilibrio o abrir un sector que antes no estaba expuesto.

Qué marco normativo corresponde aplicar

El encuadre depende de la naturaleza de la intervención.

El Decreto 911/96 establece el reglamento de higiene y seguridad para la industria de la construcción. Su ámbito alcanza, entre otras actividades, demoliciones, remodelaciones, grandes mantenimientos, montajes e instalaciones vinculados con empresas constructoras. Si el desmontaje, montaje o reparación encuadra en ese régimen, sus exigencias para trabajos en altura deben formar parte de la planificación y del programa de seguridad correspondiente.

La Resolución SRT 61/2023 complementa ese régimen. Sus artículos 1, 2 y 6 y su Anexo I establecen medidas de seguridad en altura; el artículo 3 exige incorporar al Legajo Técnico la documentación prevista. No alcanza con mencionar “uso de arnés”: deben definirse las condiciones de acceso, circulación, protección y respuesta.

Cuando la actividad no encuadra en una obra alcanzada por el Decreto 911/96, no corresponde aplicar esas normas de manera automática. En ese caso, el análisis debe partir de la Ley 19.587 y del Decreto 351/79, junto con los procedimientos y medidas concretas que correspondan al establecimiento y a la tarea. La obligación preventiva no desaparece porque el trabajo se denomine mantenimiento o desmontaje.

La pregunta correcta no es qué elemento de protección se entrega, sino si el sistema completo evita que una persona llegue a una superficie capaz de ceder bajo sus pies.

Controlar el trabajo real, no solo el permiso

Un permiso de trabajo firmado no demuestra por sí mismo que la tarea sea segura. La supervisión debe verificar que las barreras definidas en la planificación estén instaladas y se mantengan durante toda la intervención.

También debe existir una instrucción clara para detener la tarea cuando aparecen condiciones no previstas: una cubierta deteriorada, un anclaje inaccesible, viento, lluvia, cambios en la estructura o interferencias con otras actividades.

Después de un incidente o de una condición insegura, la investigación debe buscar qué barrera falló: identificación del riesgo, método de acceso, supervisión, capacitación, protección colectiva, equipo o coordinación. La finalidad es corregir el sistema antes de que otra persona quede expuesta.

Una cubierta no se vuelve segura porque alguien ya caminó sobre ella

Las tareas sobre techos y estructuras frágiles requieren una evaluación previa, un método de trabajo documentado y controles que puedan verificarse en el lugar.

En EXCON podemos acompañarlos con la evaluación de riesgos de trabajos en altura, revisión del programa de seguridad, verificación de protecciones colectivas y sistemas anticaídas, procedimientos de trabajo seguro y capacitación específica para personal propio y contratistas.

La prevención empieza antes de subir. Y, frente a un tragaluz, la primera decisión segura puede ser no pisarlo.

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